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El cubano gusta de las peleas de gallos. En Cuba en 1959 había 1500 vallas de gallos.
Aunque es posible que la primera pelea de gallos en América se diera en Santo Domingo, al menos así afirman los dominicanos, lo que sí es seguro, es que el dueño de la primera valla fuera Don Diego Velázquez. Con respecto a Cuba, los primeros documentos que confirman qu
e se realizaban peleas de gallos en Cuba, datan de 1737. Y ya se consideraban como una actividad popular.
Este deporte, pasatiempo, espectáculo, entretenimiento o diversión, según se le conceptúe, tiene el mismo origen en todos los países del llamado por los conquistadores Nuevo Mundo: España. Allí llegó con los árabes, quienes la dominaron durante siete siglos.
A Cuba llegaron los auténticos gallos de pelea alrededor de 1826, convirtiéndose la práctica de este deporte en lo que pudiera definirse como el principal medio de recreación y esparcimiento de los cubanos de la época, sobre todo de la población campesina, que lo acogió con interés y entusiasmo.
Se popularizó de tal forma que era frecuente ver en cualquier poblado urbano o rural una valla, las que constituían un desafío a las autoridades de la metrópoli que acosaban estas prácticas que estaban limitadas por unos y prohibidas por otros porque se consideraban que enardecían a los criollos y los estimulaban a la lucha, además de ser un pretexto para aglutinarse y conspirar contra los españoles. Esto trajo como consecuencia la promulgación, en 1899, de una Ley prohibitiva de las peleas de gallos, contentiva de multas de 500 pesos a cada violador de la legislación.
En 1909 el presidente cubano José Miguel Gómez con la finalidad de ganarse la simpatía del pueblo en sus elecciones, autorizó nuevamente las vallas, suprimiendo todas las prohibiciones oficiales y utilizó, además como lema de su partido, el Liberal, un gallo fino.
Algunos llegaron a ser ricos en este pasatiempo convertido en negocio, otros sin suerte perdieron propiedades, familias y amistades, algunos apelaron al suicidio por las deudas y hubo quienes… Aunque parezca increíble, en el mercado de los gallos de pelea, un buen ejemplar podía cotizarse entre dos mil y cuatro mil pesos, moneda nacional.
Los cubanos, con su ingenio y audacia característicos, crearon una escuela cubana de cría, cuidados y preparación general de los gallos de lidia, la que más tarde se extendió a varios países de centro y sur América, tales como México, Costa Rica y Venezuela.
La familia cubana de los gallos de pelea, vivió una etapa dorada a mediados del pasado siglo XX, cuando coincidieron en el tiempo, criadores del prestigio y la talla magistral de Jorge Luis Abreu, en Las Villas, así como el doctor Jorge Romañach, Diego Trinidad Velasco, el coronel Mendieta y los hermanos Zayas, dueños de los Laboratorios Linner, en La Habana.
Hay muchos tipos de gallos y en Cuba existen todos: indio, pinto, cenizo, canelo, giro y más. Más de 20 mil ejemplares exportaba Cuba antes de 1959 y a pesar de que actualmente se comercializa la venta de gallos de pelea con México, República Dominicana, Martinica, Guadalupe, Panamá, Venezuela, Aruba y España, queda mucho trecho todavía por andar para alcanzar esa cifra.
Como curiosidad histórica subrayamos que el grito de Libertad e Independencia se dio en una valla de gallos, el 24 de febrero de 1895 en la ciudad de Bayamo, en el oriente del país, por un grupo de patriotas cubanos que de esta forma daban inicio a la segunda guerra de independencia de Cuba, que terminó con el dominio colonial español.
Como es de suponer, actualmente están prohibidas… pero se juega…

Y hablando de gallos… otra curiosidad…
¿Saben que el “Gallo de Morón” ni era un gallo, ni era de Morón, ni tuvo que ver con Cuba? Se trata de una leyenda del siglo XVI, cuando el recaudador de impuestos de Sevilla se presentó en Morón de la Frontera a ejercer su oficio. Como el sujeto tenía aspecto de matón y forma de actuar muy grosera se le bautizo como el Gallo de Morón.

Los moronenses se cansaron de los desplantes de aquel gallo y un buen día le dieron una tunda de palos tan contundente, que éste tuvo que marcharse de Morón sin atreverse a volver por más impuestos.
De ese episodio surgió una copla popular que decía:
Anda que te vas quedando como el Gallo de Morón
sin plumas y cacareando en la mejor ocasión…

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