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Durante las tres décadas iniciales del siglo XX escultores italianos «harán zafra» en Cuba.

Hay en La Habana una escultura emblemática de la noche habanera. Se trata de la llamada Fuente de las Musas, emplazada en la entrada del cabaret Tropicana. Su nombre es La Danza de las Horas, y es una obra monumental en la que ocho bailarinas, completamente desnudas, danz
an, con gracia y delicadeza, sobre el borde de una fuente. Estuvo situada en el exterior del Casino Nacional, en la esquina de las calles 11 y 120, en el antiguo reparto Country Club, hoy Cubanacán. El Casino Nacional desapareció en los años 40. En 1953, Martín Fox, propietario de Tropicana, adquirió La Danza de las Horas. Pagó por ella diez mil pesos y desde entonces, con el nombre de Fuente de las Musas, sirve de símbolo al afamado cabaret de la barriada habanera de Marianao. Su autor es Mario Gamba, escultor italiano.

La República se abre, en 1902, una etapa de institucionalización de la memoria histórica.. Es en ese empeño de corte nacionalista se erigen también monumentos a no pocas figuras de la independencia.

Carlo Nicoli es el autor de la estatua de Miguel de Cervantes en el parque de San Juan de Dios. Domenico Boni lo es de la de Antonio Maceo en el parque que lleva su nombre. Un monumento que ya no existe, el del presidente Alfredo Zayas, que se erigió en el espacio que ocupa el Memorial Granma, fué obra del italiano Vanetti, y el de Emilia de Córdova, en La Víbora, de Ettore Salvatori. La Estatua de la República, una de las esculturas más altas que existen bajo techo en el mundo, es obra de Angelo Zanelli, autor asimismo de otras importantes obras que se exhiben en el Palacio de las Leyes.

El nombre de Giovanni Nicolini se repite por lo menos tres veces. Fruto de su talento son los monumentos a Tomás Estrada Palma, en G y Quinta, en el Vedado, y en cuyo pedestal quedan solo los zapatos del mandatario; el del mayor general espirituano Alejandro Rodríguez, en la intersección de Línea y Paseo, y el fastuoso monumento al mayor general José Miguel Gómez, segundo presidente de Cuba, en la calle G entre 27 y 29, también en el Vedado.

Aldo Gamba deja asimismo en Cuba tres obras suyas, pues además de la llamada La Danza de las Horas, se suma la estatua ecuestre del mayor general Ignacio Agramonte, en Camagüey y proyectó y ejecutó el monumento al mayor general Máximo Gómez, al comienzo de la Avenida de las Misiones, a la entrada de la bahía. Se trata de una estatua ecuestre en bronce, sobre un amplio pedestal de mármol y granito. El guerrero aparece en traje de campaña, con la cabeza descubierta y la mirada en alto.

NOTA: Por cierto, el tal Gamba era un personaje de la noche de La Habana y su vida bohemia y sobre todo sus aventuras galantes dieron pie a no pocos comentarios. Ese hombre fino y amable perdió un día los estribos y la emprendió a tiros contra Esther Vera, la joven de origen británico radicada en La Habana con la que llevaba relaciones. Se desconoce si es que la muchacha rechazó su propuesta de matrimonio o si ella quiso romper el romance al enterarse de que su novio era casado en Italia… Gamba tuvo que responder ante la justicia por sus actos. Aun privado de libertad, realizó algunos encargos, ya que a esa etapa corresponde la mencionada Fuente de las Musas. ¿Serían sus modelos para estas Musas el motivo…?

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