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Walker Evans (San Louis, 1903 – New Haven, 1975) es uno de los grandes maestros de la fotografía norteamericana del siglo XX. En realidad se inició tardíamente en la práctica fotográfica puesto que no fue hasta 1928, después de regresar a los Estados Unidos tras dos años estudiando en la Universidad de la Sorbona, cuando comenzó a tomar sus primeras imágenes. Fue en Nueva York y el tema principal de sus fotografías fue la arquitectura que trataba de una forma vanguardista, próxima a la abstracción. Por entonces todavía compaginaba la fotografía con su profesión de cajero en un banco de Wall Street.

A comienzos de los años 30, Walker Evans inicia un nuevo proyecto, ahora ya más serio y profesional: fotografiar las casas victorianas de Nueva Inglaterra para ilustrar un libro sobre la arquitectura norteamericana del siglo XIX.

Posteriormente, en 1933, realizó una estancia de tres semanas en La Habana también con destino a la edición de un libro, en este caso sobre Cuba. Viaja a La Habana donde ignora galanamente las vistas tropicales y retrata sin sentimentalismos la dureza de la realidad social con un tono de reportaje documental.

El trabajo, que el fotógrafo ejecutó en la primavera de 1933, le sirvió para consolidar su estilo, que llamaba “documentalismo trascendente”, basado en la fotografía de calle, directa y sin artificios. Durante su estancia, que coincidió con los últimos meses en el poder del presidente Gerardo Machado, Evans, uno de los fotógrafos más influyentes del siglo XX, trabó amistad con el escritor Ernest Hemingway.

En esta época se produce un doble cambio en la trayectoria de Walker Evans. Por un lado, técnico, sobre todo a partir de la adopción de una cámara de gran formato. Por otro, temático, al centrar el interés de su objetivo en las personas, especialmente las más desfavorecidas.

En 1938, el MOMA de Nueva York dedica a Evans la primera exposición monográfica, publicando a la vez el libro “American Photographs”.
En 2011 se exhibió en el “Museo J. Paul Getty” de Los Ángeles (EE UU), las inolvidables fotos tomadas en 1933 en La Habana por Walker Evans.

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