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La original fue demolida para construir la Plaza Cívica ( actual Plaza de la Revolución).

La historia de este templo se remonta al año 1885 cuando el padre Pere Muntadas, junto a directivos del Centro Catalán de la Habana y otras asociaciones, acariciaron la idea de construir una iglesia dedicada a la Virgen de Monserrat. Según documentos de la época, se creó una comisión para buscar un lugar que rememorara la Montaña de Monserrat en la Isla de Cuba. La comisión encargada de estas acciones seleccionó la Loma del Tadino, que comenzó a llamarse desde entonces Loma de Monserrat o Loma de los Catalanes.

A partir de ese momento se abriría una suscripción popular para la construcción y ornamentación del templo. En el año 1886 se colocó la primera piedra de la Ermita, pero numerosos avatares demoraron su culminación hasta el 24 de julio de 1921, en los terrenos que ocupa hoy el Memorial José Martí, en la Plaza de la Revolución.

La prosperidad de La Habana en la primera mitad del s. XX hace que se generen diversos planes con el objeto de cohesio¬nar y dotar a la ciudad y, a la vez, de establecer pautas de crecimiento futuro. Los planes, con diferente grado de ejecución, son reflejo de cada Gobierno y, por tanto, recogen un amplio muestrario ideológico, que va desde la filantropía hasta el Movimiento Moderno, pasando por las propuestas de la ciudad bella.

El primer anteproyecto de Plano Regulador para La Habana fue trazado por Enrique Montoulieu en 1922. Sus principales aportaciones se centraban en la mejora de la red viaria y en la creación, a partir de esa nueva vialidad, de un nuevo centro funcional, estratégica¬mente ubicado en mitad de la gran mancha urbana de la ciudad y sus repartos, sobre la loma que actúa de divisoria de aguas entre El vedado y la bahía, emplazamiento ocupado en esos momentos por un asentamiento de infraviviendas junto a la Ermita de los Catalanes.

En ese punto, debía recrearse un área de nueva centralidad mediante la construcción de una gran plaza cívica, con una escenografía monumental, para acoger la congregación de los ciuda¬danos en todo tipo de celebraciones. El simbolismo del lugar aumentaba por los nuevos edi¬ficios diseñados para acoger las nuevas funciones políticas y administrativas de la naciente República.

En 1935 se escuchó de nuevo la necesidad de la ciudad de contar con una plaza cívica y un monumento a Martí. El presidente de turno Carlos Mendieta Montefur constituía la comisión correspondiente y destinaba medio millón de pesos para la obra.

En 1937, el presidente Federico Laredo Bru reafirmó mediante un decreto la conveniencia de erigir un monumento a Martí.
Entre 1938 y 1942 se libraron varias convocatorias a concurso para la elección del proyecto del monumento. Entre 1941 y 1942 con la primera gestión presidencial de Batista, en aras de la utilidad pública del proyecto se promulgaron decretos que disponían la expropiación de terrenos a particulares para la construcción de la Plaza.

Luego del golpe del 10 de marzo de 1952, Batista trata de mejorar su imagen de usurpador y promete erigir el Monumento premiado. Mediante decreto presidencial queda constituida una comisión nacional organizadora de los actos y ediciones del Centenario y del Monumento a Martí. Es así que de 1953 a 1958 se produce la construcción de lo que hoy es el Memorial José Martí.

Originalmente se le llamó Plaza Cívica y fue construida durante la década de los años 50 del pasado siglo con objetivos más que todo urbanísticos. Formaba parte de un añejo y ambicioso proyecto que pretendía hacer de la Plaza Cívica el centro de la circulación vial de la ciudad, disponiendo de 4 anchas avenidas que enlazarían los puntos cardinales de la urbe partiendo de ella.

NOTA. En las fotos se puede observar el lugar que ocupaba la Ermita y su relación con Rancho Boyeros y la Terminal de Omnibus.

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