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En 1953, la revista “Esquire”, lo calificó como uno de los siete mejores bares del mundo.

En 1817 La Habana era una ciudad de poco más de 84.000 habitantes, protegidos por un sistema de fortalezas y murallas por el constante asedio de corsarios y piratas. Un muro dividía en dos la ciudad.

Uno de los puntos principales de acceso a la ciudad amurallada fue la puerta de Monserrate, con su entrada en la calle Obispo y su salida a O’Reilly. Al igual que las otras puertas, se abría a una hora de la mañana y cerraba a una hora determinada de la noche, señalado por cañonazos en la Fortaleza San Carlos de la Cabaña. El conocido cañonazo de las nueve…

Alrededor de ese tiempo, el hielo hizo su aparición en La Habana. A pesar de que habían sido desembarcados por sus beneficios medicinales, se puso a su mayor uso en esta ciudad para bebidas frías, alejar el clima sofocante tropical.

Así surgió, en la esquina de las calles Obispo y Monserrate, un establecimiento el nombre de la reina de las frutas: “La Piña de Plata”. Allí, se podía calmar la sed con zumos, batidos de leche, una bebida con sabor a almendras llamado horchata y refrescos a base de frutas. También disponible las bebidas alcohólicas, y para el final del siglo XIX, las primeras combinaciones: mezclas simples de ron, ginebra, vermut o coñac, que fueron los antepasados de los clásicos cócteles internacionales.

En 1898, “La Piña de Plata” cambia su nombre por “La Florida”, con el objetivo de atraer a los visitantes cada vez más numerosas de los Estados Unidos, que pasaban por la península de la Florida. Fueron sus visitantes quien dieron lugar a su nombre definitivo con el que ha conseguido fama mundial: “El Floridita”.

En ese momento era un bar abierto desde el que se podía observar a los transeúntes. La barra de caoba de 10 metros de largo y los mismos frisos corintios que permanecen hasta hoy. En la década de 1910 se incorporó un área de restaurante, dirigido por el chef francés Lapont.

En 1914, el cantinero Constantino Ribalaaigua Vert llega a “El Floridita”. Constante, camarero maestro cubano de origen catalán, era la encarnación misma de la profesionalidad, la creatividad y la limpieza. Dedicó toda su vida a su profesión, la preparación de cócteles detrás de la barra, y se convirtió “El Floridita” la catedral de la ciudad de cócteles. De hecho, tuvo numerosas creaciones: Presidente, La Habana y muchos más.

Sin embargo, el Daiquiri es sin duda el cóctel que logró el mayor fama internacional, que aunque no fue su creador, fue quien lo internacionalizó en La Habana y por esa razón allí hay una frase grabada en bronce : La cuna del Daiquiri.

El Floridita se convirtió en el bar más famoso de La Habana, y entre los más famosos en el mundo. En 1953, revista “Esquire”, lo calificó como una del mundo siete mejores bares, junto con el Pied Piper Bar en San Francisco, el Ritz de París y Londres, Raffles, en Singapur, el Club 21 en Nueva York y el bar en la Shellbourne Hotel en Dublín.

Desde entonces, El Floridita ha sido frecuentado por ilustres visitantes, pero el novelista Ernest Hemingway, fue el más asiduo de todos. El Floridita y el Daiquri han sido inmortalizados en la literatura en más de una ocasión. Tal vez la mejor descripción fue escrita por el propio Hemingway, en “Islands in the Stream”.

El estilo británico Regencia y la decoración de “El Floridita” bar / restaurante se remonta a la década de 1950, al igual que la carpintería, las lámparas y las pinturas en las paredes.

Por allí pasaron, entre otros, el duque y la duquesa de Windsor, Gene Tunney, Jean-Paul Sartre, Gary Cooper, Luis Miguel Dominguín, Tennessee Williams, Charles Scribner, Tracey Spencer, Rocky Marciano, Ava Gardner, Samuel Eliot Morison, Lanham Buck, Herber Matthews, etc. Y más recientemente: Paco Rabanne, Naomi Campbell, Kate Moss, Matt Dillon, Danny Glover, Jack Nicholson, Giorgio Armani, Gianni Mina, Jean Michel Jarre, Fito Paez y …

NOTA: Orígenes del Daiquiri
El origen del Daiquiri se atribuye al ingeniero estadounidense Jennings Cox, quien mezcló adecuadamente ron, azúcar y limón, con abundante hielo. Fue un colega italiano del Sr. Cox, Giacomo Pagliuchi, quien lo bautizó con el nombre actual en alusión a la mina donde trabajaban o posiblemente por el nombre de una playa cercana a la zona, en Santiago de Cuba, al sureste de Cuba.

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