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Primer convento femenino de La Habana.

Erigido en el siglo XVII, ocupaba el edificio comprendido entre las calles Sol, Cuba, Luz y Habana, actual sede del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología.. El primero y más importante entre sus similares en Cuba y el Caribe insular. Sus claustros alojaron a mujeres de las más notables familias de la elite habanera, hasta que fue adquirido por el gobierno en 1922.

La fundación de este convento, en el año 1644, viene a prestar un servicio a los vecinos de la villa de San Cristóbal de La Habana que, temerosos por la suerte que podían correr sus hijas solteras en una ciudad en la que constantemente se atentaba contra la moral y la ley, habían reclamado a la corona la construcción de un lugar que sirviera como custodia de las jóvenes.

Nueve años demoraron los trabajos. Cinco monjas, encabezadas por Sor Catalina de Mendoza, llegaron de Cartagena de Indias para inaugurar el convento al que las muchachas ingresaban por voluntad propia o paterna. El inmueble contaba con dormitorio, refectorio, cocina, enfermería, huerto, iglesia y, en general, las instalaciones necesarias para la vida de una comunidad femenina de unas cien religiosas y otras tantas esclavas o servidoras.

La construcción se inició en 1638. Se acordó que antes de que se comenzaran a levantar los muros se colocara una cruz en el lugar que debía ocupar el altar mayor, bendiciéndose el sitio y colocándose en él la primera piedra. En 1643 la iglesia fue abierta al culto, y al año siguiente se inauguró el convento con la residencia de las monjas, que poseía tres claustros con dormitorio, enfermería, huerta y un terreno muy espacioso. El convento tenía además una serie de construcciones y callejuelas, que se le incorporarían en la medida en que se extendía. Visto desde el exterior, el convento era solo un gran bloque de albañilería con ventanas altas.

Durante la toma de La Habana por los ingleses, en 1762, el Capitán General ordenó a las clarisas marcharse de la ciudad y el convento se convirtió en hospital de campaña. Es bastante probable que muchos de los soldados muertos en la contienda hayan sido enterrados en el amplio patio del Convento.

Una vez finalizado el conflicto armado, regresaron a su vida de clausura y mantuvieron la sede de su congregación en este edificio hasta 1921, año en que lo venden a una entidad inmobiliaria para trasladarse al barrio habanero de Lawton, en el municipio capitalino de Diez de Octubre. La Habana ya había comenzado a modernizarse, tranvías eléctricos se desplazaban por toda la ciudad y las monjas clarisas sienten las molestias del ruido exterior y frecuentemente se les interrumpe en sus oraciones y demás oficios religiosos.

Entre las jóvenes que aquí vivieron se encontraba María Mercedes Santa Cruz y Montalvo, hija de los Condes de Jaruco, conocida como la Condesa de Merlín, autora de dos noveletas “Mis doce primeros años” e “Historia de Sor Inés”, en cuyas páginas pueden leerse memorias de su vida en el convento. En otro de sus libros “Viaje a La Habana”, de apreciable valor, encontramos todo un panorama social y costumbrista de la época. Pero de ella hablaremos en la próxima publicación

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