Imagen

Jilma Madera, pinareña, su escultora.

El Cristo de La Habana es una colosal escultura que representa a Jesús de Nazaret, obra de la escultora pinareña Jilma Madera. La estatua fue hecha de mármol de Carrara, material frecuente en muchas obras en Cuba, y que encontramos en muchos de los monumentos del Cementerio de Colón de La Habana.

La imagen tiene unos 20 metros de altura y reposa sobre una base de 3 metros en la que su autora enterró diversos objetos de la época. Su peso aproximado es de unas 320 toneladas. La estatua está compuesta por 67 piezas que fueron traídas desde Italia. Jilma viajó a Roma para esculpirlo y que allí fuera bendecido por el Papa Pío XII. Esta imagen también fue bendecida por el Cardenal Arteaga, el 25 de diciembre de 1958, aunque se dice que fue contra su voluntad, debido a las malas relaciones que tenía el prelado con el presidente Fulgencio Batista, el cual pretendía ganar apoyo popular con la instauración de tan bella escultura.

La imagen, situada en el poblado de Casa Blanca, municipio de Regla, se emplazó en la colina de La Cabaña el 24 de diciembre de 1958. Se encuentra a 51 metros sobre el nivel del mar, lo que permite a los habaneros ver la escultura desde muchos puntos de la ciudad; la figura de Cristo está de pie con una mano en alto, bendiciendo, y la otra en el pecho mirando hacia la ciudad, a esta obra se le dejaron los ojos vacíos para que diera la impresión de mirar a todos desde cualquier lugar que fuese observado. Desde el emplazamiento del Cristo de la Habana se aprecia una vista de toda la ciudad de La Habana

La imagen del Cristo fue alcanzada por rayos tres veces, en los años 1961, 1962 y 1986, antes de que se fuese ubicado un pararrayos y se diesen a la tarea de restauración de los daños.
Luego de 1959 fue casi cubierta, con árboles y no era visitable, por estar dentro de una zona militar. No es hasta 1996 que se realiza un viacrucis y un acto de desagravio por unos jóvenes católicos habaneros, aunque su autora, en la inaguración del Cristo, expresara: “Lo hice para que lo recuerden, no para que lo adoren: es mármol”.

Jilma Madera ((1915-2000) realizó estudios de arte en la Academia de San Alejandro y en Nueva York, complementados por cursos en México y Europa; de ahí que su formación académica puede considerarse completa y coherente con la manera ulterior de hacer de la artista. Exposiciones y premios tuvo muchos: en el Salón de Escultura del Círculo de Bellas Artes, en la II Exposición de Arte Hispanoamericano de La Habana, 1954, en Salones Nacionales; en galerías de Madrid, Tampa, Nueva York y en muchos otros en que pudieron apreciarse sus obras.

Entre ellas podemos destacar el busto de José Martí colocado en el Pico Turquino, un bronce de 163 libras con el que honró al Maestro en el punto más alto de Cuba. En aquella ocasión conoció a la hija del doctor Manuel Sánchez Silveira, entusiasta miembro de la Asociación Cubana de Arqueología, quien le expresó el deseo de que una de sus hijas le acompañara cuando se fuera a colocar el busto. Se trataba de Celia Sánchez Manduley, quien en efecto la acompañó en el ascenso. Muchos piensan –y afirman- que tan hermosa idea fue gestada por Celia, por lo que la propia Jilma siempre aclaraba su autoría, dándole a Celia solo el papel de acompañante.

Para realizar el Martí que se pondría en el Pico Turquino, Jilma compró el bronce y lo mandó a fundir a Obras públicas. Pero para realizar este proyecto no había dinero, por lo que hizo medallones y un Martí pequeño que se vendió a cincuenta pesos, con lo cual se pagó todo. Ella no cobró nada, se sintió remunerada al tener un monumento dedicado al apóstol, a 2 mil metros de altura, en el pedestal más alto, como corresponde a una figura como Martí.

Honor a quien honor merece.

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