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No quiso ser marqués para ser cubano.

A pesar de haber sido dos veces presidente de la República de Cuba en Armas, luchado en las dos guerras de independencia y representado su provincia en el senado republicano, a este ilustre camagüeyano, Salvador Cisneros Betancourt, no le han dedicado extensas biografías y atención como a otros patriotas.

En Puerto Príncipe (Camaguey,desde22 de abril de 1903) y en una de las mejores cunas nació, el 10 de febrero de 1828, Salvador Cisneros Betancourt. Ya su familia llevaba con orgullo el título Marqués de Santa Lucía concedido por el Rey de España unos años antes. Su familia era una de las más acaudaladas de Cuba siendo propietarios de muchos esclavos, fincas, colonias de caña e ingenios azucareros. Muy joven fue enviado a estudiar a Filadelfia, Estados Unidos por unos cinco años. Estudió ingeniería y aprendió a vivir en libertad en una democracia.

Sin embargo, su larga vida no será objeto de atención por haber sido fiel a la distinción del soberano o por la riqueza acumulada. El amor a la patria y la convicción de que servirla es la más hermosa forma de ser honrado, fijaron su conducta.

En 1868 fue uno de los principales líderes de la Junta Revolucionaria de Camagüey y su firme decisión de no permitir que los españoles concentraran todo el poderío contra los patriotas orientales, determinó el alzamiento de los camagüeyanos el 4 de noviembre en Las Clavellinas.
Su actitud contribuyó a que no prevalecieran las gestiones conciliadoras y traidoras de algunos que aún confiaban obtener mejoras de la metrópoli.

Penalidades, confiscación de bienes y, lo más preciado, la muerte de la esposa y varios de los hijos en la manigua fue el costo de su sacrificio. Protesta los acuerdos del Zanjón en entrevista con el mismo capitán general Arsenio Martínez Campos, y como comprende que la independencia en esta oportunidad no se puede obtener, reclama, por lo menos, la libertad del esclavo.

No acepta vivir bajo el dominio de España y pobre y sin familia marcha al exilio. Con el mismo traje que embarcó en Santa Cruz del Sur, permaneció en Jamaica y llegó hasta Nueva York.
Tiempo después lo recuerdan, en una de sus principales avenidas, como propietario de un puesto de tabacos, cigarros y algún billete. Solo regresa a Cuba cuando los grandes de la guerra del `68 y el Maestro José Martí, lo consideran indispensable en Camagüey para la nueva contienda.

Con 67 años vuelve a la manigua, los años pueden pesar, pero no lo vencen. Otra vez la máxima autoridad civil de la República y la defensa de la libertad y los derechos democráticos del pueblo; aunque, no se acomoden mucho a los tiempos.

Al fin de la guerra le siguió la ocupación norteamericana y muy pronto comprendió los verdaderos intereses de la nueva potencia. “Nunca ha pasado por mi mente la idea que me haga suponer que los americanos se desprenderán de Cuba. Ellos harán todo lo posible por no soltar la prebenda…” Denunció de diversas formas las maniobras norteamericanas por apoderarse de Cuba y llamó a la unidad de todos los cubanos para lograr la independencia absoluta.

Fue alcalde de Puerto Príncipe, cargo que desempeñó con gran honestidad. Siendo rico fue generoso con todas las obras de caridad de su ciudad natal, lo que aumentó la admiración que todos le tenían. Fundó el Cuerpo de Honrados Bomberos de Puerto Príncipe. Prestó servicios gratuitos de bombero hasta la época republicana. Fue presidente de la Sociedad Filarmónica de su ciudad natal, más tarde llamada Sociedad Liceo. Su espíritu progresista y emprendedor hizo que participara en las ferias ganaderas y agropecuarias. Cisneros donó los terrenos de esas ferias a Puerto Príncipe, que fueron destinados a un parque de recreo, hoy conocido como “Casino Campestre”. Parte de este extenso terreno fue cedido a sociedades de recreo y allí eventualmente se instalaron el “Club Atlético Bernabé de Varona”, el “Camagüey Tennis Club” y la “Sociedad Maceo”.

Si ejemplo de patriotismo fue su lucha contra España, no fue menos la batalla por el fin de la ocupación de los Estados Unidos y en especial contra la imposición de la Enmienda Platt.
Cuando en 1913, a los 85 años, Salvador Cisneros Betancourt escribió:

“A pesar de mi avanzada edad creo tener espíritu bastante para ver a Cuba… completamente soberana, absolutamente independiente y dueña de sus destinos. Después que vea esto, podré morir como los demás, descansar tranquilo y seguro de que la planta extranjera no ha de hollar nuestros sepulcros, ganados, bien ganados, a la sombra de nuestra bandera”.

Con esta publicación damos sencillo homenaje a tan ilustre patriota camagueyano.

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