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Símbolo de la ciudad y una de las grandes edificaciones de Cuba.

El Capitolio de La Habana fue inaugurado el 20 de mayo de 1929, con un costo total de casi diecisiete millones de pesos, lo que equivalía a la misma cantidad de dólares en la época. Su construcción se produjo en un periodo de gran recesión económica mundial, conocida posteriormente como el crack de 1929, pero en Cuba la “danza de los millones”, de la que ya comentamos en una publicación, aportó al gobierno cubano un cofre, aparentemente sin fondo, de dinero.

El Capitolio, construido bajo la dirección del arquitecto Eugenio Raynieri Piedra, está inspirado en el clásico capitolio romano, con una majestuosa fachada columnada neoclásica y una cúpula que alcanza los 91,73 m de altura. Aunque su aspecto final es muy similar al Capitolio de Washington, pero algo más alto y mucho más rico en detalles.

Situado en el centro la capital del país, entre las calles Prado, Dragones, Industria y San José, es el origen kilométrico de la red de carreteras cubanas, cuyo kilómetro cero estuvo marcado simbólicamente por un brillante diamante de 25 quilates colocado bajo la cúpula. El diamante perteneció al último zar de Rusia, Nicolás II, y había llegado a La Habana en manos de un joyero turco que lo adquirió en París. Fué robado el 25 de marzo de 1946 y recuperado el 2 de junio del año siguiente. Desconozco su ubicación actual.

El terreno ocupado por el Capitolio era originalmente una ciénaga, dragada a principios del siglo XIX para su aprovechamiento urbano. Primero se instaló un jardín botánico, el primero en la historia de la ciudad, fundado el 30 de mayo de 1817. Bajo el auspicio de la Sociedad Económica de Amigos del País, en 1834 éste se trasladó a los terrenos de los Molinos del Rey, actual Quinta de los Molinos.

En este mismo año comenzaron en estos terrenos la construcción de una estación para el ferrocarril que enlazaría La Habana con Güines. Se le dio el nombre de “Estación de Villanueva”, llamada así en memoria del Conde de Villanueva, Intendente General de Haciendas y primer presidente del Consejo Directivo del Ferrocarril. En 1817 se inauguró el primer tramo a Bejucal y un año después llegó a Güines.

En 1910 se produjo un cambio de los terrenos ocupados por la Estación de Villanueva por otros pertenecientes al antiguo Arsenal de La Habana, con el fin de construir en ellas la nueva estación terminal de ferrocarril y a su vez erigir en dichos terrenos el Palacio Presidencial, ya que hasta estos momentos el presidente de la república se mantenía ocupando el edificio del Palacio de los Capitanes Generales en la Plaza de Armas.

Después de innumerables avatares, de inicios y paralizaciones que abarcaron un prolongado periodo de casi quince años, el lugar se había convertido en un gran caos en el que convivían los restos del edificio abandonado, con las estructuras de un parque de diversiones.

En el año 1925 el General Gerardo Machado Morales asumió su primer periodo presidencial con el propósito de celebrar en La Habana en 1928 la “Sexta Conferencia Internacional Panamericana”. Carlos Miguel de Céspedes, su secretario de Obras Públicas, encargó a la firma de arquitectos “Govantes y Cabarrocas” el estudio del nuevo proyecto del Capitolio, a partir de unas bases ya sentadas, introduciendo las modificaciones que fueran necesarias.

Fue designada una comisión a cuyo frente se encontraba el arquitecto Raúl Otero, en la que participaron también los miembros del equipo francés, que se encontraba en La Habana trabajando en un Plan Director para su reordenamiento urbano, dirigido por el urbanista y paisajista Jean-Claude Nicolas Forestier, y quienes se incorporaron también a los estudios del proyecto del Capitolio. Éstos aportaron un conjunto de nuevas soluciones, entre las que podemos destacar la gran escalinata y las logias laterales de la fachada principal. La dirección del proyecto fue llevada a cabo por arquitectos cubanos: Otero fue designado Director Artístico de la obra, encargado de la documentación de planos y los detalles del proyecto, y Eugenio Raynieri Piedra fue nombrado Director técnico a cargo de la ejecución y el presupuesto. Con posterioridad, Raynieri asumiría también la parte artística del trabajo hasta su culminación.

Otro profesional a cuyo cargo estuvo el proyecto del Capitolio fue el arquitecto José M. Bens Arrate, quien también introdujo modificaciones muy importantes como la proyección exterior de los cuerpos laterales de los hemiciclos, la segunda línea de fachada de las logias y la silueta general de la cúpula. La compañía norteamericana “Pudrí & Henderson Company” tuvo a su cargo la construcción del edificio.

Al proyecto del capitolio resulta imposible asignarle una autoría exclusiva; constituye en sí una obra que desde su inicio fue recibiendo a través de estudios sucesivos un minucioso trabajo de diseño particular de los detalles del proyecto, bocetos y dibujos originales, que constituyen verdaderas obras de arte y cuya materialización dio lugar a la imagen final del edificio. Otro detalle que destaca es el pórtico central, soportado por 17 columnas jónicas de granito. En él, las tres grandes puertas de bronce que dan acceso a la planta principal y los bajorrelieves o metópas del escultor italiano Angelo Zanelli. La “estatua de la República de Cuba”, inspirada en la modelo habanera Lily Válty, surgió de las manos del mismo escultor. Por su tamaño, es la tercera estatua bajo techo en el mundo y fue esculpida en Roma.

Los servicios del destacado arquitecto, urbanista y paisajista francés Forestier, también fueron contratados con el propósito de realizar un proyecto de organización urbana de la ciudad de La Habana.Este plan para remodelar La Habana contaba como motivo central al edificio del Capitolio, que albergaría las sedes del Poder legislativo, la Cámara de Representantes y el Senado de la República; y su ubicación en las áreas de transición entre La Habana Intramuros y todo el desarrollo posterior de los siglos XIX y XX, constituyó el reto a enfrentar por el equipo encargado de su realización.

Forestier, en su propuesta, respetó básicamente la estructura existente de la ciudad colonial, proyectando en su entorno inmediato un conjunto de espacios públicos y parques. Esta remodelación comenzó con los parques de la Plaza de la Fraternidad Americana, situado en los antiguos terrenos del Campo de Marte, los jardines del Capitolio, el Parque Central, la franja del Paseo del Prado, el conjunto de parques de la plaza del Palacio Presidencial y los de la Avenida del Puerto.

El estudio de la vegetación, desarrollado a partir del dominio y el conocimiento del paisajismo y la jardinería que Forestier poseía, se encaminó a enmarcar la monumentalidad del edificio, compaginando la arquitectura del capitolio con especies como lantanas moradas, cañas rojas y amarillas, embelesos, y un conjunto de palmas reales situadas en los cuatro ángulos del edificio como culminación del tratamiento, un elemento típico de la vegetación tropical y símbolo de la nacionalidad cubana.

En el Capitolio de la Habana existe una estatua de Lucifer llamada el “Angel Rebelde” esculpida por el escultor italiano Buemi y está entre una de las pocas capitales del mundo donde hay una estatua del diablo…

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