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Codueño de “EL PALACIO DE CRISTAL”. HABANA

Con la publicación en Internet de la lista completa de pasajeros del trasatlántico más famoso de la Historia, se ha podido confirmar un hecho desconocido por la mayoría de los cubanos: la muerte en tan histórico hundimiento de una persona que residió en la Isla.

Corría el año 1891. Servando Ovies llega a La Habana desde Avilés. con solo quince años, en una de esas grandes oleadas de asturianos a América. Venía a trabajar en la fábrica de ropas el “Palacio de Cristal”, de su tío José Rodríguez”. Empezó limpiando baños, pero muy habilidoso y trabajador, no tardó en ascender de posición, y adquiriendo conocimientos del manejo de la empresa logró convertirse en codueño de la fábrica. Entre sus cometidos profesionales no eran infrecuentes los viajes a Europa (Manchester o París) en busca de tejidos con los que renovar las existencias, y en busca de ventajosos contratos con los proveedores.

En el que fuera, sin saberlo, su último viaje, primero visita a su madre en Avilés y posteriormente recorre Francia e Inglaterra para importantes citas de trabajo. Después de varios meses fuera de su hogar, antes de su regreso a Cuba, tenía previsto un viaje a New York.

En París lo sorprende la noticia de la partida del “Titanic”, un coloso, un gigante transoceánico considerado insumergible, una belleza de la ingeniería naval dispuesta a romper todos los récords allende los mares. No titubea en su decisión, la fecha y el dinero lo acompañan, y reserva un camarote de primera clase en el “Titanic”. Embarca en Cherburgo, penúltima parada del barco. Allí, aborda junto al multimillonario más grande entre todos los pasajeros: el estadounidense John Jacob Astor, que regresaba a EE.UU. Según “La Nueva España”, revista asturiana, llevaba consigo en el camarote doce cajas de algodón y puntillas, fletados a su nombre por la compañía neoyorkina Clafin H.B. & Co.

Ya conocemos que el Titanic se hundirá a más tardar en dos horas. El hundimiento ocurrió a nueve millas de la isla de Terranova y constituye hasta nuestros días uno de los mayores desastres marítimos en tiempos de paz.

El “Palacio de Cristal”, símbolo de la fortuna de Servando Ovies, había surgido en 1850, en un pequeño lugar de la calle Mercaderes en La Habana y debe su nombre a la fama mundial que tenía en aquel momento el “Palacio del Cristal de Hielo”, en Londres, en los años de mayor esplendor de la reina Victoria de Inglaterra. Era un típico establecimiento regentado por asturianos, la mayoría parientes o vinculados por relaciones de antigua vecindad.

Después de la llegada de Servando, en 1898, se traslada a la esquina de Muralla y Habana, donde radica hasta 1922 cuando se asienta definitivamente en Aguiar 569. Los años iniciales del siglo XX fueron de crecimiento económico y de bonanza para los negocios de la Isla, y de una modesta fábrica expendedora de telas terminadas en Europa, se convierte en una sólida empresa de ropas, por su alta calidad en la confección de sábanas, pitusas y guayaberas.

Bien asentado en la Isla, y con el viento a favor en lo profesional, Servando contrajo matrimonio el dieciséis de julio de 1909 con Eva Matilde López del Vallado, una dama cubana de origen español con la que tuvo un hijo, Servando, de muy corta edad cuando desapareció su padre. La vida de Servando era por entonces la que se suponía a un acaudalado comerciante: vivía en un confortable piso en la esquina de las calles La Habana y Cuba y participaba de la vida social de la colonia asturiana.
El “Palacio de Cristal” fue condecorado en 1957 con la “Gran Cruz del Mérito Comercial” por ser uno de los más sólidos y prestigiosos comercios habaneros dedicados a la importación de tejidos y la confección. Con tres prendas registradas que fueron muy populares en toda la isla de Cuba: las sábanas “Palacio”, las guayaberas “Comodoro” y el pantalón “Comander”.
(ABC Madrid, 8 de Mayo de 1957)

No me consta que “El Palacio de Cristal”, de Neptuno y Campanario, perteneciera a esta familia, aunque al parecer fue un comercio de éxito especializado en loza y cristalería y considerado el mejor en su época. También existió un restaurant con este nombre.

Es posible que los vecinos de la calle Aguiar, en la Vieja Habana desconozcan esta historia y el tallado e imponente letrero de “El Palacio de Cristal” que vio enmudecer el ruido de las máquinas y el sentir de sus selectas telas, pero quizás algunos no olviden a Ovies, el asturiano, el cubano que se hundió junto al “Titanic”.

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