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El Castillo de la Real Fuerza de La Habana es la fortaleza más antigua de Cuba. Su construcción se inició en 1558, dentro del espacio que ocupaba la primitiva plaza de la villa, frente al canal de entrada de la bahía y a la elevación de La Cabaña. Junto a la fortaleza se encontraba la hoy llamada Plaza de Armas, en torno a la cual se construyeron las casas de los principales vecinos.

Las labores, iniciadas bajo la dirección del ingeniero Bartolomé Sánchez, avanzaron lentamente, hasta que en 1562, Francisco Calona sustituyó a Sánchez y se reanudó el trabajo del edificio todavía en los cimientos. Después de diecinueve años concluyó la obra, destacada dentro del sistema de fortificaciones españolas en Cuba y en el Mar Caribe.

La planta del Castillo es un cuadrado dividido en nueve partes iguales que rematan cuatro bastiones regulares. Alrededor, un foso limitado por el muro perimetral. Su perfecta simetría recuerda las construcciones renacentistas italianas y francesas del siglo XVI; aunque los volúmenes de la masa arquitectónica y su aislamiento lo acercan a la tradición medieval.

A partir de 1588 se iniciaron las ampliaciones en la planta alta, destinadas a vivienda de los gobernadores y, hacia 1630, se agregó un piso a la torre sobre el ángulo del baluarte suroeste. Allí se colocó como veleta, una escultura fundida en bronce, “La Giraldilla”, la más antigua figura de su tipo que se conoce en la Isla. La Giraldilla, que de simple veleta devino símbolo de La Habana tiene una altura de 1, 05 metros y representa a una mujer con la cruz de Calatrava en una de sus manos. Fue esculpida y fundida por el habanero Gerónimo Martín Pinzón, durante el mando del Capitán General Juan Bitrián de Viamonte (1630-1634).

Además de residencia de los capitanes generales y gobernadores de Cuba, el Castillo de la Real Fuerza de La Habana sirvió para guardar el oro, la plata y otras mercancías de valor que llegaban en tránsito hacia España.

La fortaleza tenía como principal problema estratégico su ubicación geográfica. Situada muy adentro del canal de entrada de la bahía de La Habana, no cumplía con el objetivo con el que fue construida: disuadir y proteger a La Habana del ataque de corsarios, piratas y enemigos de la corona española. En el año 1762, no obstante este inconveniente defensivo, la fortificación resistió estoicamente el castigo de la artillería inglesa ubicada en la elevación de la cabaña, y funcionó como uno de los centros organizativos de la defensa de la ciudad, convirtiéndose junto al Castillo del Morro en uno de los principales baluartes en aquella contienda.

Después de la toma de la Habana por los ingleses, en 1762, al retomar la metrópoli el dominio colonial de la ciudad, el Castillo acuarteló la tropa de la plaza, y durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878), se convirtió en Cuartel del Cuerpo de Voluntarios de La Habana.

En 1899, el gobierno interventor ordenó trasladar al Castillo el Archivo Nacional, donde estuvo hasta 1906. A partir de entonces, fue utilizado como Cuartel de la Guardia Rural y, desde 1909, lo ocupó la jefatura de ese cuerpo. El Estado Mayor del Ejército fue usufructuario del edificio hasta 1934 y, al siguiente año, se instaló allí el Batallón Número Uno de Artillería del Regimiento Siete, Máximo Gómez. Entre 1938 y 1957, la fortaleza albergó la Biblioteca Nacional de Cuba.

El aspecto actual que conocemos del entorno de la Fortaleza fue debido a una remodelación urbanística realizada a finales de los años 20 del pasado siglo. Pero sobre esto haré una segunda publicación. Lo vale!

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