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Ya comenté en otra publicación – el grabado de Mialhe del huracán de 1846 – sobre el extraordinario movimiento comercial marítimo que tenía Cuba a mediados del siglo XIX, pero también existen referencias bibliográficas del “Muelle de Luz”, ya en el siglo XVIII, al que se dice arribaban pequeñas embarcaciones conduciendo pasajeros y mercancías procedentes de la otra ribera de la bahía.

Ya desde 1554, en la vertiente opuesta a la ciudad, se habían fundado la villa de la “Asunción de Guanabacoa”, el pequeño caserío de “Marimelena” y en 1690 el santuario de “Nuestra Señora de Regla”, que dio origen al poblado erigido posteriormente allí con igual nombre.

En sentido general, la distribución del puerto de La Habana era la siguiente:
Los muelles principales se encontraban desde el Castillo de La Fuerza hasta la plaza de San Francisco y eran los que prestaban servicio a los barcos provenientes o con destino a ultramar.
Desde el “Muelle de Luz” hasta el “Baluarte de San Isidro”, los que aseguraban el tráfico de pasajeros y mercancías por el interior de la bahía. A partir de éste, el “Muelle del Arsenal”, destinado a la construcción y reparación de navíos.

De 1790 a 1850 se ampliaron los muelles y a partir del Castillo de la Fuerza, alcanzaron una extensión ininterrumpida -a lo largo del litoral interior de la bahía- de 1,453 metros y un ancho que oscilaba de 12 a 21 metros.

Todo este movimiento de pasajeros por el litoral de la bahía hizo necesaria la ejecución de algunos proyectos, ya que la vida citadina tomó el mar interior de la bahía como telón de fondo en una serie de espacios públicos, entre los que se destacaron:
La “Alameda de Paula” (1772).
El “Teatro Principal” (1773).
Y La “Cortina de Valdés” (1843).

A la “Cortina de Valdés” y su batería de cañones, frente al seminario “San Ambrosio y San Carlos” dedicamos esta publicación, pues con ello también damos continuidad a la anterior.

Jerónimo Valdés y Sierra, militar y político español, asturiano nacido en 1784 y quien fuese nombrado en 1840 “Capitán general y gobernador de la isla de Cuba”, es quien ordena construir dicho Paseo, que lleva su apellido.

Durante su gobierno, la primera disposición legal que emitió, fue el “Reglamento de Esclavos” para con ella contener los abusos de los amos en Cuba. Y por lo que dada la persecución que hizo de la esclavitud y su crítica posición ante los poderosos comerciantes y mediadores que se enriquecían con el tráfico negrero, fueron los factores que influyeron para que su mandato terminase antes de cumplirse un año… como era de suponer.
Nuestro respeto a esta labor y por el Paseo que nos legó.

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