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En la foto superior, de la ampliación del Malecón en 1933, aún podemos observar el edificio de la “Real Maestranza de Artillería de La Habana”. Pocos años después, desafortunadamente, fue demolida.

Entre julio agosto de 1555 el pirata francés Jacques de Sores atacó e incendió La Habana y su fortaleza, un cuartel llamado San Telmo, que tras feroz y enconada resistencia de su Alcaide Juan de Lobera, tuvo que rendirse. Este cuartel, en el cual se podían albergar unos 400 hombres, estaba frente al baluarte de ese nombre que se encontraba entre la Punta y la Real Fuerza (entre las actuales calles de Cuba y Chacón).

En 1558 se iniciaron los trabajos de reconstrucción, aunque la fortaleza había demostrado estar mal trazada, ubicada y tener una baja capacidad defensiva, por lo que se decidió construir una nueva fortaleza, la de la Real Fuerza. Mientras estas ruinas se mantuvieron como parapeto contra los piratas hasta que fue finalmente demolida en 1582.

En 1597 el Rey Felipe II ordena un presupuesto de 250,000 reales para la construcción de una fundición y maestranza de artillería en La Habana. Contaba con el metal que se extrajera de las minas del Cobre de Santiago y que se trasladaría para su procesamiento en La Habana. Su objetivo era garantizar el suministro de piezas de artillería para todos los reinos de España.

En 1607 solo se habían construido 45 piezas y se suspende la producción. Los vecinos habaneros habían utilizado la fundición para fabricar otros productos necesarios a la economía local, como campanas o calderas para los ingenios de azúcar…

No es hasta 1843 que, sobre los muros de este obsoleto cuartel de la colonia construido para fabricar armas y municiones, se erige una moderna “Maestranza de Artillería”, en el mismo terreno triangular limitado por las calles Chacón y Cuba.

Proclamada la República de Cuba el 20 de Mayo de 1902, el recién creado Ejército Constitucional reclamó el Castillo de la Fuerza, entonces sede de la Biblioteca Nacional, para instalar la Jefatura de la Guardia Rural. El 17 de julio de ese año, la Biblioteca Nacional fue trasladada con otras dependencias gubernamentales a la “Maestranza de Artillería”.

La edificación sirvió de sede a diferentes instituciones que nunca se preocuparon por pasarle la mano a la añeja e histórica construcción funcionando en ella las Secretarías de Estado y de Justicia, y finalmente la Biblioteca Nacional.

Para 1938 se le condena definitivamente a muerte para levantar un castillo de líneas mediocres que albergó la jefatura de la Policía. La desidia y la modernidad sepultaron con asfalto los restos de la historia de la Maestranza de La Habana, a la que dedicamos esta publicación.

REAL MAESTRANZA DE CABALLERIA DE LA HABANA (1709)
(No confundir con la anterior, que es la de artillería)

Aunque es un asunto poco conocido, en 1709 el Rey Felipe V aprobó la “Real Maestranza de Caballería de La Habana” con la finalidad de ayudar a la defensa siempre difícil de Cuba de los continuos ataques corsarios. El principal cometido de la misma, radicaba en la finalidad de ayudar en la defensa siempre difícil de la Isla de Cuba frente a los continuos y repetidos ataques corsarios.

Tuvo una repercusión muy limitada y se puede decir con seguridad que cincuenta años después había desaparecido. Su desaparición, sin datación precisa, tuvo lugar a lo largo del propio siglo XVIII, ya que ni siquiera se la menciona en el propio Decreto del 9 de marzo de 1873, por el que disolvieron las Órdenes Militares y las Reales Maestranzas.

Por imitación, con motivo de las fiestas realizadas en México durante 1789 para celebrar la proclamación de Carlos IV, un grupo de 31 caballeros novohispanos, y con el apoyo del virrey Juan Vicente Güemes, pidieron la autorización real para crear la Real Maestranza de Caballería de México. La iniciativa fue desautorizada por el Consejo de Indias ante la desconfianza que provocaba cualquier tipo de organización autónoma de la nobleza americana por el peligro de fomentar un posible germen independentista.

Por tanto la “Real Maestranza de Caballería de La Habana”, fue la única que existió en Hispanoamérica. En esta ocasión, no solo fuimos los primeros, sino que también los únicos…

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