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Impresiones de un viajero norteamericano en la Cuba de 1860…
(Publicado por D. Jácome)

“Cuba with pen and pencil” es un interesante libro de Samuel Hazard, viajero norteamericano que pasó varios meses en Cuba, la que abandonó poco antes de estallar la guerra del 68, y nos cuenta con estilo sencillo y ameno sus observaciones e impresiones sobre la vida y costumbres cubanas de aquella época, ofreciéndonos un interesante panorama de la Isla, aunque en esta publicación solo haremos referencia a las relacionadas con la capital.

La primera edición se hizo en New York en 1871, otra en Hartford ese mismo año y la tercera hecha en Londres en 1873. Para los interesados, la versión en español es de 1928, traducción del inglés por Adrián del Valle: “Cuba a pluma y lápiz: la siempre fiel isla”, que cuenta con los dibujos realizados por Hazard, para la edición inglesa.

Como viajero, a lo primero que presta atención es a los hoteles. Después de visitarlos casi todos y hospedarse en varios de ellos, considera que “si no se es extremadamente exigente”, se puede estar de manera tolerablemente confortable. Considera el mejor de la ciudad el “Hotel Santa Isabel”, al lado del Templete. Dice que sus habitaciones son grandes y aireadas, y es el único que tiene para las señoras servicio de camareras, y la comida es buena. Después cita el “Hotel Telégrafo”, y a continuación, el “Hotel Inglaterra”, el “Hotel Europa”, en la Plaza de San Francisco. Recomienda, para los que han de permanecer algún tiempo en la ciudad, alquilar un cuarto amueblado en casas de familias o de huéspedes, como el “Hotel San Luis”, en el paseo del Prado, el “Águila de Oro” en San Ignacio y Obispo o el “Hotel San Felipe”, por estar cerca del mar y poder disfrutar de unos refrescantes baños.

En cuanto a los restaurantes, le da el primer lugar al “Restaurant Francois”, dirigido por un francés, Francois Garcon, en la calle de Cuba 72 entre Obispo y Obrapía, donde “la cuisine” y la mesa son inmejorables y los precios razonables, como ya comentamos en una publicación; el restaurante del “Hotel Inglaterra” y “Las Tullerías”, en Consulado y San Rafael. Cita también “La Noble Habana”, famoso por sus camarones y sus ensaladas; y el “Crystal Palace”. Los precios en los mejores hoteles son de $13 a 5 por cuarto y comidas, incluyendo o no vino; en las pensiones, se pagan de $34 a 50 al mes, con dos comidas.

De los cafés, “El Louvre” le resulta el mayor y mejor de La Habana y lugar admirable para observar la alta vida social durante la noche, donde ”puede tomarse helados y granizados tan buenos como en los Estados Unidos”; y “La Dominica”, en O’Reilly y Mercaderes, lugar muy concurrido, famoso por sus refrescos y dulces, que antes fue punto de cita de damas y caballeros de la sociedad.

Las calles Ricla, Obispo, O’Reilly y Mercaderes, que se hallan en la parte vieja de la ciudad, le resultan las más destacables, resultándole muy curioso y atractivo los nombres de los establecimientos: “Palo Gordo”, “León de Oro”, “Delicias de las Damas”, “Las Ninfas”, “La Cruz Verde”…. y la forma de exponer sus artículos, por no estar amontonados en los aparadores y escaparates, sino por estar el establecimiento completamente abierto y todo a la vista del que pasa.

De los paseos, considera el mejor “Paseo de Isabel”, conocido por “Prado, notable “por su anchura, su buena construcción, dotado de aceras, y largas hileras de árboles”; celebra “la bella Calzada de Galiano”, “la bulliciosa Calzada del Monte”, “la Calzada del Cerro”, la calle de Belascoaín, “la Alameda de Paula o Salón de O’Donnell”, el Paseo de Roncali, la Calzada de la Reina…

Le llama la atención que “las personas de la mejor sociedad viven aquí, allí, en todas partes, unas en los altos, otras en los bajos, algunas en almacenes o sobre almacenes y establecimientos” y que “no hay un lugar especialmente dedicado a las residencias de buena sociedad, pues al lado mismo de una casa particular, de elegante y limpia apariencia, se ve un sucio establecimiento usado como almacén”. Además, la apariencia de fortaleza que tienen las casas, con sus sólidas puertas, y sus ventanas, “enrejadas como las de una cárcel”. Se asombra por la cantidad de iglesias que hay y el insoportable escándalo que arman con los toques de campanas lo que puede dar una débil idea de lo que es un primer despertar en La Habana, por lo que
no demuestra admiración por las iglesias habaneras.

Dedica Hazard un capítulo a los mercados, de los que poseía cuatro en aquella época La Habana; el de “Cristina”, en la “Plaza Vieja”, y el del “Cristo”, intramuros, y el de la “Plaza de Vapor o Tacón” y “el de Colón”, extramuros, considerando que los más dignos de verse son los de Cristina y Tacón. Existía, además, “la Pescadería”, al comienzo de la calle de Empedrado. Sobre algunos de estos ya hemos hecho alguna publicación.

Como es natural, a Hazard le interesan sobre manera nuestros castillos y fortalezas y también aquellos edificios públicos que ofrecen alguna peculiaridad o curiosidad al extranjero: “El Templete”, el “Palacio del Capitán General”, “la casa de Beneficencia”; “la Cárcel”, el “Teatro Tacón”; el “Correo”…y los restos de las Murallas, augurando que “cuando se complete la mejora de ocupar el lugar de las Murallas con nuevos edificios, esta parte de la Ciudad progresará mucho, y ofrecerá La Habana mejor perspectiva”. Augurio que conocemos se cumplió, pues esa zona se convirtió, poco tiempo después, en el centro de la ciudad y uno de los lugares de los cuales podemos sentirnos orgullosos.

Esto es solo una síntesis de la amplia panorámica que nos ofrece el libro, lleno de descripciones y detalles de sumo interés para los que disfrutamos de la historia y desarrollo de nuestro país y es especial de su capital.

Y para mi, en particular, una especie de “inventario” de todo lo que aún me queda por publicar en esta página “Cuba en la Memoria”…

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