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Un 28 de febrero, de 1928, nació en La Habana, Cuba, nuestra gran cantante cubana: Elena, “la señora sentimiento”. Sus inicios profesionales los tuvo como vocalista de la orquesta de la emisora Mil Diez, dirigida por los maestros Adolfo Guzmán y Enrique González Mantici.

Ganadora de un concurso en la “Corte Suprema” se presentó a Onorio Muñoz, de la cadena Mil Diez, y le pidió que la oyesen cantar… y la contrataron, permaneciendo en esa estación radiofónica durante mucho tiempo.

Bailó en el Tropicana y también integró un espectáculo cubano en Jamaica, demostrando también sus dotes danzarías. Porque como ella decía:”Me gusta bailar, me gusta cantar… me gusta la música. Qué quieren, ¡así soy yo!”

Su primera salida al extranjero la realizó en 1950 como parte del show de Las “Mulatas de Fuego”, provocando, con su voz de tintes negroides y resonancias operísticas, gran revuelo en el espectro nocturno de aquellos años. En el desaparecido “Follies Berger” trabajó al lado de la ya famosa Tongolele. Ahí la conoció Emilio El Indio Fernández quien asombrado por su voz la invitó a participar en la filmación de Salón México. En esa etapa se unió al Cuarterto de Facundo Rivero con el que realizó una larga gira por Centro y Sur América.

Terminados todos sus compromisos en el extranjero regresó a Cuba e ingresó al conjunto de Orlando de la Rosa. Trabajaron en algunos lugares de La Habana y poco después marcharon a Estados Unidos, en una ruta de centros nocturnos y hoteles que les marcó una actividad incesante, en la que interpretaron números del director -Vieja luna, Nuestras vidas, Eres mi felicidad…

Su periplo artístico hizo escala importante cuando conoció a la pianista y directora de orquesta Aída Diestro, quien trabajaba en la CMQ Radio y a la cual animó para formar parte de una agrupación vocal que había planeado junto con Moraima Secada, Omara y Haydeé Portuondo. En agosto de 1952 debutaron en el Carrousell de la Alegría, espacio televisivo presentado por Germán Pinelli.

Con su voz de de amplio registro y depurada musicalidad, la señora sentimiento, como se le conociera popularmente, es la mejor exponente del movimiento del filin (feeling) que se desarrolló en nuestro país a partir de los años cincuenta y en general es considerada hoy por muchos una de las mejores (si no la mejor) vocalistas del país.

Antes de iniciar una sólida carrera como solista, ya Elena había pertenecido al conjunto “Las Mulatas de Fuego” (1947), el trio “Las Cancioneras” y los cuartetos de “Facundo Rivero”, “Orlando de La Rosa” y de la pianista Aida Diestro (1956).

Famosa por su habilidad y tendencia a interpretar “a capella” y en los ambientes más elegantes e íntimos de la noche habanera, pero en no pocas ocasiones se hizo acompañar de orquestas como la Aragón o las dirigidas por los maestros González Mantici o Ibrahim Urbino. Con una afinación excepcional y un estilo exento de fiorituras innecesarias, su amplio repertorio incluyó a autores latinoamericanos y nacionales como José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Ñico Rojas, Frank Domínguez, Piloto y Vera, Marta Valdés, Meme Solís, Adolfo Guzmán, Orlando de la Rosa, Candito Ruiz, Sindo Garay, Vicente Garrido, Arturo Castro, entre otros tantos.

Entre sus acompañantes figuran, entre otros, figuras de la talla de Dámaso Perez Prado, Adolfo Guzman, Meme Solís y el guitarrista Froylan Amézaga, que trabajó junto a ella durante más de quince años. Entre los numerosos exitos de Elena se cuentan “De mis Recuerdos”, “Y Ya Lo Sé”, “Lo Material” (Juan Formell), “Duele” (Piloto&Vera), “Amor Y Solfeo” (Luis Rojas), “Amame Como Soy”, “Mis 22 Años” (Pablo Milanés).

En 1957, Álvarez Guedes le produjo a Elena Burke su primer disco de larga duración para su sello Gema. El puso condiciones espléndidas desde el punto de vista orquestal, para que ella enseñara sus poderosas cartas credenciales como una de las más importantes voces del cancionero en lengua hispana durante el siglo XX. Después grabo muchos más y es imposible decir cual es mejor.Elena se convirtió en vehículo muy especial de los sentimientos de una immensa mayoría de la gente. Logró, con su voz de inacabables recursos, dar siempre la impresión de que te cantaba a ti y solo para ti, aunque uno fuera uno de los miles de espectadores que llenaba un teatro o un centro nocturno para ir a disfrutarle. Ella representa un modo de ser de la espiritualidad cubana, del amor, de los sentimientos.

Tuve la suerte de escucharla muchas y mucha veces, la buscaba donde quiera que estuviera cantando y aunque después también tuve la suerte de conocerla, incluso de tenerla en mi casa, nunca me atreví a decirle todo lo que me hacía sentir y que aún siento cuando la escucho. Por eso me resulta imposible resumir su importancia como cantante, como ser extraordinario y como persona, en una publicación tan breve. Me gustaría ser capaz de poder expresarlo, pero hablar de nuestra Elena… me duele, mucho…

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