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En 1928 el Arquitecto paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier diseñó el Paseo del Prado para convertirse en una de las avenidas más importantes de La Habana. Se localiza en La Habana Vieja y se extiende desde la Fuente de la India y la Plaza de la Fraternidad hasta el Malecón.

Construido como alameda en 1772 bajo el gobierno colonial del Marqués de la Torre, Capitán General de la isla, una de las colonias españolas más florecientes de América. Su primer nombre fue el de “Alameda de Extramuros”, por hallarse fuera de las grandes murallas que cercaban la ciudad. Los gobiernos sucesores, hasta Ricafort, la fueron mejorando considerablemente. Fue durante el gobierno del general Valdés (1841-1843), que toma el nombre de “Alameda de Isabel II” en honor de la reina de España y en 1904, ya en la República, por acuerdo del Ayuntamiento, se le denominó “Paseo Martí”. Aunque para todos es y será el “Paseo del Prado”, como Galiano nunca le diremos Avenida de Italia… así somos.

Desde su fundación, el lugar fue escogido como favorito entre los vecinos que acudían a pie o en carruajes, teniéndolo como sitio de expansión y recreo. En 1834, fue remodelado y obtuvo importantes mejoras en su pavimentación, mobiliario y alumbrado público.

El Paseo del Prado lo compone el propio Paseo, el Parque Central, la Explanada del Capitolio y la Plaza o Parque de la Fraternidad. Empecemos por el Paseo.

En el Paseo del Prado hay ocho estatuas con figuras de leones. Estas figuras fueron fundidas con material de los cañones que anteriormente protegieron la ciudad de los corsarios y piratas. Durante la etapa neocolonial, se comprobó que ya no eran necesarios y se fundieron para crear estas esculturas. En 1928, el Presidente de Cuba encargó esta tarea al escultor francés Jean Puiforcat y al también escultor cubano y experto fundidor de bronce Juan Comas.

Larga es la historia de tan céntrico Paseo y resulta imposible, dentro del marco reducido de esta publicación, referirme a él en forma detallada. Seguro posteriormente volveré sobre este tema, pero ahora solo unas notas para ir entrando en materia….

Al comienzo del Paseo, en el Malecón, existió una glorieta donde ejecutaba una retreta semanal, la Banda del Estado Mayor del Ejército, y desde este sitio se hicieron nuestras primeras audiciones radiales. La esquina de Malecón y Prado también fue asiento del “Hotel Miramar” y, más tarde, del “Miramar Garden”, centro de reunión de la juventud bailadora de la época y lugar donde se celebraban peleas de boxeo.

En la esquina de Cárcel estuvo la agencia de los automóviles “Packard” y “Cunnighamm”, que administraba Juan Ulloa, y en los altos abrió sus puertas el primero de abril de 1940 lo que fue “R.H.C. Cadena Azul”, del magnate cigarrero Amado Trinidad.

En su intersección con la calle Genios, llamada así por la “Fuente de los Genios”, que estaba allí instalada, había un caserón de tres pisos donde funcionaron por décadas los “Juzgados de Instrucción y Primera Instancia de La Habana”, asiento de la Cárcel y el Presidio. En la siguiente esquina, Refugio, todavía puede observarse la mansión en que vivió Frank Steinhart, primer cónsul norteamericano en la Isla, quien luego se convirtiera en magnate del transporte.

Prado y Colón fue sitio preferido de la burguesía cubana, que acudía a presenciar los estrenos de las cintas cinematográficas en el cine “Fausto”, que en sus inicios fue una construcción de madera.

En la esquina de Trocadero, está todavía la que fue residencia del general José Miguel Gómez, después de haber pasado por la presidencia de la República. “El tiburón se baña, pero salpica”. ¿Recuerdan ese dicho popular ?.

El colegio de Jose Mª Mendive, a donde asistió nuestro apóstol Martí en su infancia, quedaba en la esquina de Ánimas y frente al mismo, funcionó un cine al aire libre llamado “Maxim”.

En Prado y Virtudes estaba el café “El Pueblo” que colindaba a los periódicos “La Noche” y “La Nación”. Frente a ellos, el “Hotel Jerezano”, en cuya acera cayó ajusticiado el 12 de agosto de 1933 Antonio Jiménez, jefe de la “porra” machadista.

La esquina final del Paseo —la de Neptuno— fue ocupada en la época colonial por el célebre “Bodegón de Alonso”, propiedad de los Álvarez de la Campa, padre y tío del estudiante de medicina, mártir del 71,cuando los sucesos que conocemos.

Derribado aquel bodegón, se construyó otro edificio de tres pisos: “Las Columnas”, establecimiento que hizo famosa la esquina, pues en los altos se daban buenos bailes y en sus salones nació el rítmico chachachá. En los bajos funcionaron durante años el famoso “Restaurante Miami” y una lujosa frutería.

En el Paseo del Prado se han escenificado también sonados acontecimientos. Además del ya mencionado, podemos agregar el duelo irregular a tiros entre los legisladores Quiñones y Collado, perdiendo la vida el primero; los llamadas “sucesos del Prado”, ocurridos en la tarde del 9 de julio de 1913 cuando el jefe de la Policía, Armando Riva, dispuso la supresión del juego y el cierre de todos los garitos que funcionaban en La Habana y como afectó los intereses de algunos, le hicieron varios disparos hasta acabar con su vida, sin respetar siquiera la presencia de sus dos pequeños hijos que lo acompañaban.

Estas son solo algunas anécdotas de este paseo, pero también tiene otras menos dramáticas, situaciones que, incluso, quedaron para siempre en nuestros recuerdos… ¿No recuerdan el chachachá “La engañadora” de Enrique Jorrín? Y todo ocurrió en Prado Y Neptuno…

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