Etiquetas

, ,

Publicado por Derubín Jácome

No hay dudas de que la masonería en Cuba está vinculada a nuestra historia. Se afirma que la independencia del colonialismo español en 1898 fue obra de masones. Cada símbolo nacional: himno, bandera y escudo, fueron concebidos por sus hijos. Masones fueron Carlos Manuel de Céspedes, considerado el “Padre de la Patria”, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, José Martí y la inmensa mayoría de los gestores de la república.

“Logia”, proviene del griego “logos”, es decir, defensa, argumentación, verbo, palabra, ya que para los masones en estos lugares de reunión se habla o se transmite enseñanza a través de la palabra. Las primeras concepciones masónicas arribaron a La Habana con las corrientes de “la Ilustración”, posterior a la Revolución Francesa de 1789, y en la primera mitad del siglo XIX ya fueron organizados como clubes y organizaciones secretas.

Investigadores defienden la posibilidad de que existieran mucho antes, considerando las evidencias simbólicas masónicas grabadas en piedra de cantería en las Muralla que rodeaba La Habana, cuya construcción es del siglo XVI.

Pero sin duda, la primera evidencia de la masonería en Cuba data de 1763, cuando se constituye el primer cuerpo masónico que realizó funciones en Cuba y del que se tiene el primer documento oficial que lo atestigua: Un certificado del grado de “Maestro”, extendido a nombre de Alexander Cockburn, fechado el 3 de mayo de 1763 durante la ocupación militar de la Habana por los Ingleses y expedido por la Logia Militar Inglesa número 218 del Registro de Irlanda, adscrita al Regimiento 48 de dicho ejército. Esta logia trabajaría en Cuba durante toda la permanencia del ejército de ocupación, es decir, hasta el 6 de Julio de 1763.

Cuando la “Gran Logia de Francia”, precursora del “Gran Oriente”, fundó la Masonería en Haití, logró transmitir tanto amor y entusiasmo por esta Institución, que cuando en 1793, como consecuencia de la Revolución los franceses tuvieron que emigrar, lo hicieron llevando consigo no sólo parte de sus bienes, sino también sus logias masónicas. De este modo llegaron a Santiago de Cuba la “Perseverance” y la “Concorde”, y a la Habana la “Amitié” y la “Benefique Concorde”, en los años 1802 y 1803.

La primera de las instituciones cubanas comenzó a sesionar con regularidad el 17 de diciembre de 1804, en La Habana, en el “Templo de las Virtudes Teologales”.

En 1809, Joaquín Infante elaboró un primer proyecto de constitución para Cuba y su conspiración independentista fue abortada por la delación de un sacerdote que violó el secreto de confesión de una de las esposas de los conspiradores.

El consejo de Regencia de España declaró ilegitima la masonería en 1812. Pero dos años después ya se funda la “Gran Logia Española del Rito York” con 5 logias y posteriormente una “Gran Logia Soberana” que contó con unas 66 logias simbólicas. Todo esto da paso a la unificación del sistema de grados del Rito Escocés y se fusionan el “Gran Consistorio” y el “Gran Oriente Simbólico de la Isla de Cuba” y da paso a la “Gran Oriente Territorial Español Americano”.

No es hasta después de 1818 que se crea en Cuba el primer cuerpo de Altos Grados, el Consistorio del grado 32 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado con una patente francesa que fue aportada por Luis Juan Lorenzo de Clouet d’Obernay y que reunió tres logias simbólicas que comenzaron a trabajar bajo el rito escocés.

Las conspiraciones libertadoras nacen dentro de la fraternidad masónica, como la “Conspiración de los Rayos y Soles de Bolívar”(1823), con una marcada influencia de los hombres de la Escuadra y el Compás. Posteriormente surgirán otras, entre las cuales destaca la “Conspiración de la Escalera”(1844). En 1834, debido a su vínculo con las conspiraciones libertadoras, vuelven a declararse ilegales las logias y aunque continúan trabajando, su influencia pública no se deja notar en varios años.

Por Real Decreto de Fernando VII, emitido el 11 de marzo de 1824, fueron suprimidas las actividades masónicas en todo el imperio español y eso motiva que se disuelva la “Gran Logia del Rito de York”, aunque solo sería como un golpe de efecto para evadir las consecuencias de dicho Decreto, ya que las logias continuarían reuniéndose, aunque implicara peligro para sus miembros. El temor a represalias haría que los talleres fueran dejando de trabajar, quedando sólo dos logias de las antiguas, en Santiago de Cuba, las que logran con discreción resistir y permanecen hasta 1858.

Hasta 1857 no se crea el Consejo de Caballeros Kadosh que da origen a la fundación de la “Logia Fraternidad No. 1”, “Prudencia No. 2” y “San Andres No. 3”, dando paso, en 1859, a la fundación de la “Gran Logia de Colón”, todas ellas bajo la tutela de Andrés Cassard, cubano, de origen francés considerado el “padre de la masoneria cubana”.

En 1862 el doctor Vicente Antonio de Castro funda el “Gran Oriente de Cuba y las Antillas”. Castro provee una organización secreta que es la base de la nueva insurrección mambisa de 1868. Se hacia una advertencia a los nuevos masones: “…podría muy bien suceder que os encontréis en la ocasión de tener que pelear con las armas en la mano para defender la virtud, la inocencia o la patria, entonces será preciso no retroceder ni temblar…”.

Desde 1864 Antonio Maceo se incorpora, al igual que Ignacio Agramonte, en la “Logia Tinima No. 16”. En Bayamo, en la “Estrella Tropical No. 19” se agrupan patriotas como Perucho Figueredo, Francisco Vicente Aguilera y Carlos Manuel de Céspedes. Con la gesta del 68 se recrudece la hostilidad española contra la masonería y son apresados y fusilados una gran cantidad de masones. A pesar de ello, los mambises fundan una serie de Logias militantes.
LA MASONERIA – CUBA

En la Convención Masónica de Lausana en 1875 se reconoce la regularidad del “Supremo Consejo de Colón” y la “Gran Logia Simbólica de Colón” y con ello Cuba forma parte de la comunidad masónica. El 1 de Agosto de 1876, Aurelio Almeida y González re funda la “Gran Logia de la Isla de Cuba”. En 1878 los integrantes de la Gran Logia son acusados de ser desafectos al régimen español.

Durante el Pacto del Zanjón Ia masonería regular debía respetar al gobierno de la nación, sin embargo en este periodo se fundó, con elementos ferroviarios, la “Logia Obreros de la Luz”, la cual colaboró con la preparación de Ia Guerra Chiquita y más tarde proporcionó ayuda a Calixto García para su salida del país. También se crearon las logias” Plus Ultra” y “Evolución”, aglutinadora de muchos de los inquietos jóvenes de la Acera del Louvre.

Es en esta época cuando se reestructura la masonería simbólica, pues tras sucesivas fusiones entre las Grandes Logias, en 1891 surge la “Gran Logia de la lsla de Cuba” como único y soberano organismo simbólico. Al año siguiente se logra también la integración de un único Supremo Consejo para regir la masonería de Altos Grados.

En el siglo XX, con el inicio de la república, ya no contaban con la relevancia que tuvieron en el siglo XIX, pero no obstante incrementaron sus recursos económicos con los que fundan varias publicaciones y se incrementa la edificación de sus locales y otras de sus instituciones. El más relevante es la “Gran Logia de la Isla de Cuba”, la cual costeó con sus fondos la construcción de su sede en 1955, en un gran edificio situado en la avenida de Carlos III y Belascoaín, una de las zonas más céntricas de La Habana.

Al parecer, en la actualidad no hay “altos grados”. Solo hay hermanos y hermanas que han escogido cómo vivir la masonería, sin egoísmo ni integrismo, aceptando el equilibrio entre iniciación y un compromiso cívico. Permanecen en igualdad y se reconocen por la palabra, el signo y el toque.

CUBA EN LA MEMORIA 09/02/2016

Anuncios